@elizondomemo

El propósito de la educación médica es preparar a los estudiantes para la práctica independiente, donde deben reconocer y tratar las enfermedades más prevalentes y con mayor morbilidad en la sociedad.

Esto requiere la formación de médicos que reconozcan las sutilezas y las diferentes presentaciones de las enfermedades comunes.

Sin embargo, a lo largo de su formación, los alumnos reciben un mensaje tácito de que el conocimiento enciclopédico de una miríada de enfermedades, incluidas las raras, en lugar del dominio de las condiciones comunes, es un sello distintivo de la excelencia clínica.

Esta idea impregna la escuela de medicina y la residencia, donde los maestros, los exámenes, las conferencias, los informes de casos, destacan y “celebran” la capacidad de reconocer y “nombrar” diagnósticos poco comunes.

No es suficiente decir que es el cólon el que está entre el diafragma y el hígado, hay que saber que es el signo de Chilaidity

Este énfasis no se correlaciona con la realidad de la práctica clínica y distrae a profesores y estudiantes.

Para preparar a los alumnos para la práctica, los maestros deberíamos desarrollar un conjunto de habilidades que destaque y “celebre” las enfermedades comunes y señale que la excelencia clínica se basa en el dominio de las variaciones de estas enfermedades comunes.

Acompáñenme a analizar este tema a propósito de una artículo publicado recientemente en el American Journal of Medicine.

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